LA INSOSPECHADA CAPACIDAD DE GUARDA DE LA UVA VERDEJO

Copas dispuestas para el examen de los catadores. / BODEGAS HERMANOS DEL VILLAR

Desde un primer momento nos pareció interesante la idea de una cata para poner a prueba la evolución en el tiempo de los verdejos de Rueda. La iniciativa partió de la bodega Hermanos del Villar y su máximo responsable, Pablo del Villar. Habíamos asistido a un sinnúmero de catas verticales de vinos blancos (albariños, chardonnay, godellos, hasta de los xarel.los catalanes), pero nunca de la vinífera sobre la que se sostiene la pujante denominación de origen castellana. El encuentro tuvo lugar en el restaurante madrileño Álbora, donde, una vez más, pudimos disfrutar de la hospitalidad y buenos oficios de José María Marrón, director del establecimiento y maestro de sumilleres.

Los catadores presentes se enfrentaron a dos líneas diferentes de vinos. Por un lado, verdejos concebidos para ser consumidos como vinos jóvenes, procedentes de viñedos de entre 10 y 35 años, plantados sobre suelos pedregosos y con un rendimiento medio contenido (este dato resulta revelador), de algo menos de 6.500 kilos de uva por hectárea cuando el Consejo Regulador de la D.O. autoriza producciones de hasta 10.000 kg. Por otra parte, verdejos de un único viñedo plantado en 1939, de rendimientos aún más bajos (entre 3.900 y 4.200 kg/ha), y fermentados al 50 por ciento en fudres de roble francés de 850 litros y acero inoxidable.

Hasta siete añadas reunidas en la vertical. / BHV

De la tanda inicial (Oro de Castilla, añadas 2010 y de 2012 a 2017) nos gustaron especialmente los 2010 y 2012, el que citamos en primer lugar por un paladar largo y equilibrado al tiempo que vivo, precedido de una nariz fragante, con abundantes sensaciones minerales y de bosque umbrío (trufa, feuilles mortes, en palabras de un catador); y en el caso del 2012, por la riqueza de su nariz, balsámica y floral, de gran complejidad, seguida por una boca entera que se sostenía sobre una notable acidez. Dos vinos –hay que recordar que la cosecha 2010 ha sido una de las mejores de la historia de Rueda- que hablan con elocuencia de las posibilidades de la uva verdejo para los blancos de guarda. No sólo se mantienen vivos, sino que el tiempo les ha ido aportando riqueza y matices.

INTEGRIDAD FRENTE AL TIEMPO. Del resto de la serie, igualmente sorprende por lo que respecta a la integridad de los vinos frente al paso del tiempo, recordamos la excelente nariz del 2017 (fruta escarchada, ecos minerales), la complejidad aromática (ciruela mirabel, flor de acacia, tomatera) y untuosidad palatal del 2016; la viveza y consistencia en boca del 2013 y la variedad de registros de la nariz de sus hermanos de las añadas 2014 y 2015.

En cuanto a la segunda línea de vinos (Oro de castilla Finca los Hornos, añadas 2014, 2015 y 2016), vaya por delante que no conseguimos apreciar grandes diferencias cualitativas con respecto a los verdejos que no han conocido la madera, si bien hay que tener en cuenta que se trata de tres añadas relativamente jóvenes, probablemente con unos valores que sólo el paso de los años podrá ir desvelando. Elegante y fina la nariz del 2016, un vino de paladar en el que el roble aparece magníficamente encajado y con un final muy aromático. Riquísima, casi voluptuosa, la nariz frutal (melocotón maduro, fruta escarchada) y con sutiles dejos balsámicos del 2015. Y marcado -tal vez excesivo- peso de la madera en el conjunto de aromas del 2014, en cuyo paladar también echamos en falta algo más de nervio y acidez.

Mención final para Oro de Castilla Sauvignon Blanc 2017, una de las dos botellas de la vinífera gala presentes en la sesión: un blanco estupendamente perfilado y en equilibrio, lejos de esos aromas agresivos y esas acideces desaforadas tan frecuentes en sus homólogos de la denominación de origen Rueda. 

Malbec: EL VINO NEGRO DE CAHORS

“Tras un viaje a Argentina quedamos enamorados de la uva malbec y sus peculiaridades cuando es cultivada en lugares de altitud, lo que le proporcionaba la frescura y consistencia de las que carece en otras zonas”. Así cuenta Rosalía Molina, propietaria y enóloga de Bodegas Altolandón, los motivos que la llevaron a plantar hace 17 años una parcela de esta vinífera de origen francés en su finca de Landete (Cuenca). Su L’Ame Malbec, en el mercado desde 2009, es uno de los escasos tintos españoles elaborados íntegramente con la uva de Cahors.

La gala siempre fue una de las variedades minoritarias que intervenían en la composición de los tintos de Vega Sicilia, junto a las más conocidas cabernet sauvignon y merlot. Nada extraño si se tiene en cuenta que entre los grandes vinos de Burdeos, en los que se inspiró Eloy Lecanda, fundador de la bodega de Valbuena en 1892, la malbec tuvo una presencia más que significativa hasta que la devastadora helada de 1956 arrasó el 75 por ciento de las plantaciones.

Los expertos aún discuten sobre el origen preciso de esta uva de color morado que alumbra vinos de gran expresión frutal, tacto de terciopelo y elegantes notas especiadas. Lo que nadie pone en duda es que su cuna es el municipio francés de Cahors, en la región de Mediodía-Pirineos, donde se embotella en solitario o mezclada con ciertas proporciones de tannat y merlot. Desde allí, donde es conocida por los nombres –entre otros muchos- de côt y auxerrois, viajó a Burdeos (aquí se prefieren los términos malbec y pressac), Loira, donde enriquece los coupages de caberner franc y gamay, y otras regiones vinícolas francesas y europeas. Incluso se cuenta que Catalina la Grande la llevó a la península de Crimea, donde aún es posible hallar algunos tintos bajo el apelativo kahor.

Racimos de uva malbec. / A

Pero donde la malbec ha arraigado de verdad es en Argentina, sobre todo en la provincia de Mendoza, donde la implantó a mediados del s.XIX el ingeniero agrónomo francés Michel Aimé Pouget sin sospechar que llegaría a convertirse en el paradigma de los mejores tintos argentinos. En ello tuvo bastante que ver Nicolás Catena Zapata con sus plantaciones experimentales al pie de los Andes, en los enclaves mendocinos de Luján de Cuyo y Valle de Uco, sede este último del célebre viñedo Adrianna, a casi 1.500 m sobre el mar.

CULTIVOS EN ALTURA. En España la uva malbec también necesita climas especialmente frescos, de acusado salto térmico entre día y noche, capaces de asegurar una lenta –y completa– maduración de los racimos. Por eso las bodegas buscan altitudes por encima de los 800 m, como la citada Altolandón. “De no ser así”, explica la propietaria, “los vinos desarrollarían taninos demasiado agresivos”.

También es el caso de Bodegas Ribera del Duratón, cuyo Duratón Malbec, ideado por el bodeguero de origen navarro Luis Magaña y nacido a más de 900 m en el municipio segoviano de Valtiendas, presume de haber alcanzado 90 puntos Parker. Y el de Bodegas Clunia, última en incorporarse al selecto club de los malbec cien por cien con su tinto de cepas plantadas a 1.000 m en la provincia de Burgos o de Vera de Estenas (en la localidad valenciana de Utiel), donde Félix Martínez obtiene su Casa Don Ángel, un tinto de textura mullida y extraordinaria complejidad aromática.

Por desgracia, ya se ha dicho, aún son muy escasos en nuestro país los vinos elaborados exclusivamente con la uva que nos ocupa, si bien su impronta puede rastrearse con nitidez en algún que otro tinto manchego, como el Quixote (malbec y cabernet franc) que embotella Pago Casa del Blanco en Manzanares (Ciudad Real), y, aunque en cantidades minúsculas, casi testimoniales, en algunas etiquetas castellano-leonesas de prestigio, desde Hacienda Monasterio hasta Quinta Sardonia o Bosque de Matasnos. Como se ve, las posibilidades del conocido como vino negro de Cahors están lejos de agotarse a este lado de los Pirineos. J.R. Peiró (METRÓPOLI)

Fernando Mora (MW): “ME INTERESA MUCHO MÁS LA FORMA DE UN VINO QUE SU TAMAÑO”

Fernando Mora (Zaragoza, 1982) es, con Andreas Kubach, uno de los dos nuevos españoles que recibieron el pasado septiembre el título de master of wine. Se define como un soñador del vino. Ingeniero de formación, trabajó en empresas de energía eólica hasta que cayó rendido ante la bebida de Baco. Elaboró en 2008 sus primeras botellas en su propia casa y poco más tarde fundó Bodegas Frontonio (IGP Valdejalón), que tuvo su primera sede en el garaje de los padres de uno de sus socios. Su último proyecto (2015) es Cuevas de Arom, en Campo de Borja.

Pregunta.- ¿Para qué sirve un título de Master of Wine?
Respuesta.- Es algo así como entrar en la champions del conocimiento vinícola. En mi caso hay algo de reto personal pero también soy consciente de que las cadenas de distribución saben muy bien qué es un MW, lo que ayuda a dar credibilidad a tu proyecto bodeguero.

P.- ¿Por qué hay tan pocos MW españoles?
R.- En España se entiende el conocimiento como especialización y no como comprensión global del fenómeno del vino, que es lo que se le exige a un MW. Además de cierto nivel en idiomas, eterna asignatura pendiente de este país.

P.- ¿Cómo ven sus colegas el actual momento de los vinos españoles?
R.- Creo que hay un sentimiento común de que se están produciendo cambios a toda velocidad. Vinos singulares y sostenibles, de gran personalidad; puesta en valor del territorio y las viníferas autóctonas… Saben que están surgiendo proyectos de mucho valor añadido. La imagen internacional de vinos baratos ante todo comienza a quedar atrás.

P.- ¿Qué es lo que más le seduce de un vino?
R.- Me interesa mucho más la forma de un vino que su tamaño. Esos vinos que, al olerlos, su elegancia, finura y complejidad te ponen los pelos de punta. Cosa que no me ocurre con los que tienen la corpulencia y la concentración como bandera. La grandeza de un vino está en los pequeños detalles.

P.- ¿Un vino que le haya impactado por encima de los demás, que al probarlo haya dicho: esto es a lo que quiero dedicarme y lo que yo quiero hacer?
R.- Un chablis de Raveneau y un barolo de Giuseppe Rinaldi. Son vinos que me marcaron en su día. No entendía cómo habían podido hacerlos y sigo sin saberlo. Otro más: un Viña Tondonia blanco de los años setenta. Son vinos inmortales, a los que el tiempo no hace más que afinarlos. De ahí es de donde viene la emoción. 

Casa Duque (Segovia): EL DON DE ASAR

El asado castellano se resiste a sucumbir ante el supremo relativismo que reina en las cocinas españolas de la modernidad. A diario abren y cierran restaurantes en las principales urbes del país con la deconstrucción (¿no suena ya este término … Sigue leyendo

Andreas Kubach (MW): UN VINO NATURAL MAL HECHO ES EL MÁS INDUSTRIAL QUE PUEDE EXISTIR

Desde el pasado septiembre, Andreas Kubach es uno de los dos nuevos representantes españoles (el otro es Fernando Mora) en el selecto club de los Masters of Wine. Se suman a Pedro Ballesteros en lo que alguien ha llamado la … Sigue leyendo

Albina Essencia 2011: RIOJANAS SUBE AL TREN DE LA MODERNIDAD

 

ALBINA ESSENCIA 2011. BODEGA: BODEGAS RIOJANAS. TIPO: TINTO RESERVA. ZONA: D.O.CA. RIOJA. UVAS: TEMPRANILLO. PRECIO: 200 €. GASTRONOMÍA: LAMPREA A LA BORDELESA, BECADA ASADA EN SU JUGO. CALIFICACIÓN: 97/100

“Conjugar la esencia de la Rioja con el alma de Bodegas Riojanas. Eso es lo que pretendíamos con la elaboración de este nuevo vino Premium”. Son palabras de Santiago Frías, presidente y director de la más que centenaria bodega de Cenicero, municipio en el que, en opinión de no pocos expertos, maduran los mejores tempranillos de nuestra primera denominación de origen. Fundada en 1890 por las familias Frías y Artacho en sociedad con el empresario Rafael Carreras, Bodegas Riojanas se ha distinguido históricamente por su fidelidad a los estilos clásicos del vino riojano. Un planteamiento que siempre ha avalado la seriedad de una firma poco amiga de experimentos y artificios con los vinos, pero que también ha podido apartarla de la vanguardia de los movimientos renovadores que vivió la Rioja en la pasada década de los 90.

FINO Y MINERAL. Sea como fuere, la modernidad ha ido instalándose en los vinos de la casa y, ahora, cristaliza en este Albina Essencia 2011 que pudimos degustar en primicia hace unos días en el restaurante Adolfo del Palacio de Cibeles de la capital. Nos gustó mucho, de entrada, su finura en nariz, así como el medido clasicismo de sus aromas de bayas silvestres maduras entrelazadas con especias (nuez moscada) y notas que remiten al reino mineral. Y nos sedujo, asimismo, una boca fresca y sabrosa, de tacto aterciopelado y sostenida en una excelente acidez que le dará larga vida en la botella. Todo ello antes de un largo y aromático final en el que aparecen gratos aromas balsámicos y mentolados. Un vino grande, de los que contribuyen a ensanchar la leyenda de Rioja. 

30 Cosechas de Emilio Rojo: «DETESTARÍA EL VINO PERFECTO, SI EXISTIERA»

Emilio Rojo Bangueses (Arnoia, 1951), celebra estos días su cosecha número 30. Los vinos de este ingeniero de telecomunicaciones metido a viticultor –“cosechero minifundista”, como él mismo se define- tienen mucho de arte y ensayo. Llevan marcada a fuego la … Sigue leyendo

Carta de verano: LHARDY PIERDE CALORÍAS

Cuando no existía el Teatro de la Ópera ni el Banco de España, cuando Cúchares estaba en el apogeo de su carrera como matador de toros, Lhardy ya servía comidas en su hermoso establecimiento de la Carrera de San Jerónimo. … Sigue leyendo

Tilo 2013 (Rioja): LA JOYA QUE LLEGÓ DEL FRÍO

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Montebaco: VIAJE DE IDA Y VUELTA AL «TERROIR»

“Lo que pretendo es reflejar el paisaje de la finca Monte Alto en mis botellas”. “Un vino de terroir no es necesariamente un vino de calidad”. “La esencia de un vino está por encima de su calidad”. Con estas tres frases, César … Sigue leyendo