Una cata irrepetible: CINCO JOYAS HISTÓRICAS DE BODEGAS RIOJANAS

Bodegas Riojanas, lo decíamos en estas mismas páginas no hace mucho, se sube al tren de la modernidad. Aunque con un ojo puesto en el retrovisor. Nuevos diseños de vinos, sí, pero sin renegar de una tradición de más de 125 años. Los responsables de la monumental bodega de Cenicero (La Rioja) saben que la calidad de un vino está por encima de su estilo más o menos clásico, de los cambiantes dictados de la moda o de los golpes de péndulo de lo que en los corrillos báquicos se ha dado en llamar “gusto internacional”. Los buenos tintos de Rioja lo eran antes de que existiese Parker, como lo siguen siendo ahora que la estrella del crítico de Baltimore parece brillar con menos fuerza. También antes y después de lo que en los pasados años 90 se conoció como “movimiento de la alta expresión”, coincidente, por cierto, con el momento de apogeo del prescriptor americano.

Antes del último verano pudimos visitar las instalaciones de la bodega fundada en 1890 por las familias Artacho y Frías para conocer de primera mano la evolución de sus diseños enológicos y cómo tratan de adaptarse a un público consumidor en el que hoy convive una creciente diversidad de gustos y preferencias. Tal vez aquí esté la explicación de una gama de vinos de más de 25 referencias, cifra que no hace mucho tiempo nos habríamos atrevido a calificar de prolija y difícil de transmitir al bebedor de a pie.

Los tesoros del botellero. / BACOMANÍA

Fueron dos intensas jornadas dedicadas en cuerpo y alma a la bebida de Baco. Catas de los vinos actualmente en el mercado, catas de vinos en fase de construcción o afinamiento, interesantes menús (incluida una estupenda cena en la Venta de Moncalvillo de los hermanos Echapresto de la que hablaremos en otra ocasión) para poner a prueba la vertiente gastronómica de las etiquetas de la casa… Imposible resumir en estas líneas el denso programa, pero no nos resistimos a reseñar una de las degustaciones que nos pareció más reveladora: la dedicada a distintas añadas históricas de la firma, todas ellas de la categoría gran reserva, incluido un blanco de 1973 diseñado para celebrar el primer centenario de la bodega. A saber:

VIÑA ALBINA GR 1942. Un tinto con tres cuartos de siglo a la espalda y, sin embargo, vivo. De su nariz recordamos –con ayuda del cuaderno de notas, no piense otra cosa el lector- sensaciones de humo y chocolate entrelazadas con finos aromas balsámicos (mentol) y madera de cedro. El vino, procedente de los viñedos más antiguos de la casa en Cenicero (tempranillo, mazuelo, garnacha y graciano), fermentó en tinos de roble alsaciano, donde permaneció siete meses antes de criarse otros cinco años en barrica. El paladar, más pulido que caído, presentaba un perfil algo más discreto que la nariz, aunque se sostenía en pie gracias a una insospechada acidez.

MONTE REAL GR 1964. Contribución de la bodega a una de las grandes añadas riojanas de todos los tiempos, cuya elegancia y complejidad ya tuvimos ocasión de apreciar en una cata para festejar el 50º aniversario de la mítica cosecha en el Hotel Wellington de Madrid. Tempranillo, mazuelo y graciano del viñedo El Monte, sobre suelos calcáreos y arcillosos de baja productividad. Nariz de amplio espectro, como decíamos, de nuevo con notas ahumadas, minerales y de la serie animal sobre un fondo de bálsamo y fruta madura que abren paso a una boca de firme esqueleto (¡todavía!) y taninos que parecen desafiar el paso de los años. Una espléndida rareza.

MONTE REAL BLANCO GR 1973. Un vino (40% viura, 30 malvasía, 15 garnacha blanca y 5 maturana) con todos los atributos de los legendarios blancos de la denominación de origen bañada por el Ebro. Desde su hermoso e intenso color ambarino, casi anaranjado, hasta su riquísima nariz en la que se funden aromas de frutos secos (almendra tostada, pistacho, cañamón), mermelada de naranja amarga, chocolate blanco y brioche. Otra vez la nariz claramente por delante de un paladar en el que un interesante resto de acidez no es capaz de impedir cierto desvanecimiento en la parte trasera de la lengua.

VIÑA ALBINA GR 1978. Año de fuertes heladas que limitaron de forma natural el rendimiento de los viñedos de Cenicero hasta, como en este caso, 3.000 kg/ha. Larga maceración de los hollejos –30 días- y 48 meses de barrica en este vino, diseñado también como el 1973 blanco para conmemorar el primer siglo de vida de la bodega. Su concentración es tal, que la botella pide una suave decantación antes de servirse en la copa. Aun así se muestra bastante cerrado tanto en la nariz como en la boca, por lo que hay que esperar unos cuantos minutos para apreciar los sutiles aromas (ciruela y mora, alma de fusil, en expresión de un compañero de catas; especias como nuez moscada y vainilla) que conducen a un paladar de infrecuente fluidez, con abundantes sensaciones de fruta y tanto más expresivo cuanto van avanzando las manecillas del reloj.

MONTE REAL GR 1998 EDICIÓN LIMITADA. Una curiosidad de este tinto es que se trata del primer Monte Real elaborado enteramente con la variedad tempranillo. De nuevo en la trastienda el viñedo El Monte, con sus apenas 3.000/4.000 kg de uva por hectárea. Tras sólo 40 meses de barrica –una crianza breve para la que suele aplicar la bodega a los vinos de esta categoría-, la nariz muestra una extraordinaria complejidad al tiempo que rebosa de fuerza y elegancia: bayas rojas y negras maduras, bombón de licor, especias, menta, ecos de tabaco inglés, maderas preciosas… La sigue una boca de paso fluido, repleta de turgentes taninos que conducen el trago hacia un final tan persistente como aromático. Un vino para beber hoy y para guardar largo tiempo en el botellero.

Para resumir, una colección de vinos singulares en los que se puede apreciar un nivel de exigencia enológica poco frecuente a lo largo de muchas décadas. No hace falta decir que se trata de piezas raras, dificilísimas de encontrar, por lo que no merece la pena perder el tiempo buscándolas en los comercios especializados. Pero si el lector se cruza con alguna de estas botellas en la bodega de algún restaurante de confianza (no es imposible), ni lo dude, pida que se la descorchen. 

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