Celler Scala Dei: VOLVER AL MEDITERRÁNEO

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Ricard Rofés, director técnico de Scala Dei / CSD

Ahora que la maquinaria de este modesto blog está perfectamente engrasada, retomamos los asuntos del vino. Esta vez para hablar del ‘Proyecto Garnachas’ de Scala Dei, la bodega que mantuvo viva la llama del Priorato en los oscuros años del granel y las cooperativas, antes de la llegada de Álvaro Palacios y la avanzadilla de visionarios que volvió a situar en el mapa de la excelencia enológica esta vieja comarca vinícola de Cataluña.

Scala Dei

Vista exterior de la bodega / CSD

Scala Dei, integrada en el imperio Codorníu, reconstruye estos días su personalidad de la mano de Ricard Rofés, enólogo de la bodega. “Lo que estamos haciendo”, nos explica en una instructiva sesión de cata celebrada en Barcelona, “es recuperar el estilo de vinos mediterráneos que teníamos en los pasados años 70 frente al modelo bordelés que, erróneamente, se impuso a partir de los 80”. Una apuesta en la que la uva garnacha (33 de las 42 parcelas de viña en propiedad de Scala Dei) desempeña un papel claramente protagonista y recupera posiciones frente a las viníferas de origen francés que se plantaron por la época, sobre todo la omnipresente cabernet sauvignon.

GARNACHAS DE EDICIÓN LIMITADA. Un primer paso ha sido estudiar el comportamiento en la bodega de distintas viñas viejas de la variedad (50 años de edad media) plantadas en cotas elevadas (entre 500 y 800 metros sobre el mar) y en suelos de distinta naturaleza. El resultado es una interesante colección de vinos de parcela y de producción muy limitada (de momento apenas unos centenares de botellas por etiqueta), destinada explicar Scala Dei a través de sus garnachas. A saber:

Mosaico Scala Dei

Tres momentos de la cata / JRP

ARTIGOTS 2010. Procedente de una pequeña viña orientada al norte y plantada a 550 metros de altitud sobre suelos calcáreos y con abundantes gravas, es un vino al que le cuesta abrirse en la nariz. Cuando lo hace, nos seduce con una mezcla de fruta negra y monte mediterráneo (tomillo y orégano, espliego), en la que no faltan unas sutiles pinceladas minerales. En boca es robusto y tánico, quizás a la espera de redondear en la botella algunos de sus rasgos más pronunciados.

SANT ANTONI 2010. De los tres tintos de esta misma añada, es el que nos pareció más fino en nariz: flores azules, frutilla roja, delicadas notas balsámicas… Todo ello dosificado con sutileza y elegancia. En la boca es un vino con toda la energía (cuerpo, estructura) del Priorato, dotado de unos taninos dulces, maduros y bien perfilados. Su origen está en una viña de suelos arcillosos a 600 metros sobre el nivel del mar. Unos meses de botellero también le proporcionarán un plus de amabilidad en la boca.

Restos de la antigua Cartuja, en el recinto de la bodega / CSD

Restos de la antigua Cartuja, en el recinto de la bodega / CSD

LA CREUETA 2010. Es el que más se ajusta al estereotipo de los tintos minerales y rotundos del Priorato. Intensa nariz de ciruela negra madura y tinta china, ecos de regaliz, betún de Judea… No puede ocultar los suelos de esquistos pizarrosos (conocidos en la comarca como licorella) de los que procede, que también están presentes en una boca de extraordinaria opulencia y amplitud.

MAS DEU 2011. El último de los varietales de garnacha presentado en la cata –servido en botella magnum- nace en una parcela donde se mezclan tierras arcillosas y calcáreas. Sus 800 metros de altitud parecen haber jugado en favor de una perfecta maduración de las uvas, con el resultado de una nariz de gran profundidad y riqueza de registros (grosellas y mentol, vainilla, cacao), seguida de una boca fresca y directa, repleta de fruta negra en sazón, con admirables nervio y estructura que le permitirán crecer durante bastantes años.

Los vinos de la degustación auncian un fututo más que prometedor / JRP

Los vinos de la degustación aunciaban un futuro más que prometedor / JRP

Fuera de la serie, para acompañar la cena, un Scala Dei Cartoixa 2010 –top de los vinos comerciales de la casa- en el que a la garnacha se suma un 20 por ciento de cariñena, vinífera que en nariz aporta unos singulares y característicos toques de hojarasca. Perfil seductor y un punto asilvestrado al que sigue una boca gustosa y potente, armada de poderosos taninos que aún deberán hincar la rodilla.

Tras un período de reflexión –“hemos callado y escuchado; hemos hundido las manos en la tierra y notado su latido…”, declara la nueva página web de la bodega-, Scala Dei remodela estos días su personalidad y devuelve a sus vinos el antiguo talante mediterráneo que mejor expresa el privilegiado paisaje en el que nacen. Una sugestiva apuesta que habrá que seguir con atención. J.R. Peiró

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