Vinos de la tierra y de pago: MANCHEGOS A SU AIRE

Ercavio

Alexandra Schmedes, Gonzalo Rodríguez y Margarita Madrigal / ERCAVIO

La Plazuela, Finca Constancia, Pago Florentino, Venta La Ossa, Vallegarcía, Casalobos, Marqués de Griñón… No deja de ser sintomático que una parte importante de los mejores vinos de Castilla-La Mancha haya nacido –o haya decidido situarse- al margen del paraguas de las ocho denominaciones de origen (DD.OO.) tradicionales de esta comunidad autónoma, desde las históricas Valdepeñas, La Mancha, Méntrida y Almansa hasta las más recientes Uclés, Manchuela, Mondéjar y Ribera del Júcar.

Parece claro que el marco de la vieja división territorial de los vinos de nuestro país, repleto de tics intervencionistas y burocráticos, cuando no directamente proteccionistas (aquí entran en juego las competencias heredadas por las distintas comunidades autónomas), hace ya tiempo que se ha quedado estrecho para muchos de los bodegueros más inquietos e innovadores, aquellos que defienden que la libertad es premisa irrenunciable de la calidad en los vinos. Dos son las vías seguidas por las bodegas manchegas para sustraerse al corsé institucional: los Vinos de Pago –que aunque se trata de indicaciones geográficas adscritas a una sola bodega gozan de reconocimiento como DD.OO.- y, sobre todo, la categoría conocida como Vinos de la Tierra, en la que se encuadra la mayor parte de los grandes outsiders del vino manchego.

En este epígrafe se sitúa Gonzalo Rodríguez (con su equipo en la foto superior), quien hace unos meses presentaba en sociedad El Señorito de Ercavio, un tinto de cencibel (tempranillo) procedente de su viñedo El Horcajo que no sólo es uno de los mejores vinos de Castilla-La Mancha, sino también la confirmación de que para obtener calidad en la meseta inferior no es imprescindible echar mano de viníferas de importación. Uvas locales asimismo (tempranillo y 20% de garnacha) en su celebrado La Plazuela, aupado hace tiempo por la crítica al podio de los tintos del país y cabecera de la interesante gama de vinos (incluido un blanco de la olvidada variedad malvar) que elabora en su bodega de Dos Barrios (Toledo).

Viognier Vallegarcía 2

Racimos de viognier / PAGO DE VALLEGARCÍA

Tempranillo cien por cien fue también la fórmula escogida por Florentino Arzuaga en su bodega de Malagón (Ciudad Real), cuyo Pago Florentino de un viñedo de 150 has a más de 650 metros de altitud seduce a los enófilos iniciados con su rara mezcla de potencia y finura, o por Marcos Eguren (creador de marcas legendarias como el riojano Señorío de San Vicente o los toresanos Termanthia y Teso La Monja) para su apuesta en territorio del Quijote, que se ha concretado en un primer vino bajo la marca Códice, con rasgos de finura que habrá que seguir cosecha a cosecha.

LA PRIMERA VIOGNIER. Igualmente desde fuera del edificio institucional, aunque en una línea vitícola diferente, Carlos falcó, Marqués de Griñón, con ayuda del gurú francés Michel Rolland y del que entonces era su enólogo “de cabecera”, Ignacio de Miguel, marcó en su Dominio de Valdepusa de Malpica del Tajo (Toledo) –primera denominación de origen de vinos de pago en Europa- no pocas de las pautas de la nueva enología manchega, comenzando por la introducción en la región de las viníferas de origen galo (cabernet sauvignon, syrah, petit verdot), base de una soberbia gama de vinos (Eméritus, varietales), y siguiendo por la implantación de las revolucionarias técnicas vitícolas del sabio australiano Richard Smart.

Un camino que han ido siguiendo no pocas de las bodegas punteras de la región, desde el Pago de Vallegarcía de Alfonso Cortina en Retuerta del Bullaque (Ciudad Real) –pionero en el cultivo de la uva blanca viognier procedente del Ródano- hasta Casalobos (presidida por el ex jugador merengue Manuel Sanchís), Dominio Mano a Mano (Venta La Ossa), Capilla del Fraile, Campo de Laguardia (Martúe), Finca Élez, la exitosa aventura enológica del ex director y empresario teatral Manuel Manzaneque en los Altos del Bonillo (Albacete), o Finca Constancia, la representación en la zona del poderoso grupo jerezano González Byass.

Un elenco de vinos singulares –muchos de ellos de excelente precio- situado en la antípoda de la imagen de gigantismo y falta de ambición cualitativa que históricamente han proyectado las grandes denominaciones de origen manchegas. Texto: J.R. Peiró (METRÓPOLI, agosto 2012)

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