Nuevos tintos de Méntrida: EL PODEROSO INFLUJO DE LA GARNACHA

Antigua cepa de garnacha en plena Sierra de Gredos. / BACOMANÍA

Interesante encuentro de cata hace unos días, organizado por los amigos de la revista Mi Vino en el Hotel de Las Letras de Madrid para tomar el pulso a un puñado de vinos representativos de las nuevas elaboraciones de la denominación de origen toledana Méntrida. Ocho botellas descorchadas en las que se resumía la diversidad de estilos de esta zona de producción, con presencia destacada de algunos tintos de antiguas garnachas de altura cultivadas en las estribaciones de la Sierra de Gredos, cerca de donde se unen las provincias de Toledo, Ávila y Madrid.

Curiosamente, ha sido el llamado movimiento de las Garnachas de Gredos el que ha puesto de actualidad los vinos de Méntrida que ya abastecían los mesones del Madrid de los Austria en los siglos XVI y XVII y de los que se conservan testimonios escritos del lejano siglo XII. Bodegas como Jiménez Landi, con sus marcas Piélago, Ataúlfos o Cantos del Diablo, entre otras, y como Canopy (La Viña Escondida, Congo), ambas de la denominación de origen Méntrida, han tenido no poco que ver con el resurgir de esta histórica comarca vinícola.

VALOR AÑADIDO. Apostaron pronto por las antiguas viñas de garnacha de las estribaciones de Gredos, sobre todo en los alrededores de la localidad del Real de San Vicente, marcando un camino que poco más tarde siguieron otras bodegas de peso, como Arrayán (o Finca La Verdosa), con sus Suerte de Arrayán y Garnacha de Arrayán, amén de otras casas elaboradoras de la D.O. que comenzaron a ver en las viñas viejas de altura una oportunidad para añadir valor a su tradicional escaparate de vinos. Precisamente es esa variedad de uva la protagonista de las etiquetas que más nos gustaron en esta ocasión. A saber:

LA SUERTE DE ARRAYÁN 2015 (11,50 €). Bodegas Arrayán. Procedente de garnachas de pequeñas parcelas de El Real de San Vicente, todas ellas con más de 60 años de edad. Crianza de 14 meses en barricas de roble francés de segundo uso, de 300 y 500 litros de capacidad. Expresiva nariz de frutilla salvaje (mora, arándano), con atractivas notas de espliego y tenues pinceladas entre minerales y de tierra mojada. Boca fresca e incitante, de firme estructura y notable amplitud. Ecos finales persistentes que remiten a la nariz. Está para beber y para guardar sin miedo.

LA VIÑA ESCONDIDA 2015 (30 €). Bodegas Canopy. Garnachas de 87 años de antigüedad plantadas también sobre suelos graníticos de El Real de San Vicente. Madurado durante 16 meses en fudres de roble galo de 2.000 litros. Ricos aromas de flores y herbolario (eucalipto, piña piñonera) entrelazados con otros que recuerdan la ciruela negra marcan la nariz de este tinto, a la espera de terminar de fundirse con las notas de maderas preciosas aportadas por su crianza. El paladar, de paso vivo y alegre, directo y fluido, con una acidez más que notable, corrobora las sensaciones de la fase aromática: va hacia arriba, mejor esperar unos meses antes de descorchar la botella.

EL ESPINILLO VINO DE PARCELA 2015 (10 €). Bodegas Vega Berciana. Fue la sorpresa de la sesión. En su origen, garnacha cien por cien de la parcela El Espinillo, una de las más antiguas del término municipal de Méntrida. Fermentado en recipientes de hormigón y criado con sus lías en barrica francesa de 300 litros durante 12 meses. Gran equilibrio en el paladar, con todos los componentes (acidez, amplitud, alcohol, persistencia) en su sitio, precedido de una rica nariz de fruta roja y negra (mora, fresa madura, ciruela) sobre fondo de suaves especias.

ALONSO CUESTA 2012 (10 €). Bodegas Alonso Cuesta. La tinta garnacha (55%) comparte en este vino el protagonismo con la cabernet sauvignon (40%) y una pequeña proporción de petit verdot. Fermentadas y criadas 12 meses por separado en barrica francesa, las uvas provienen de parcelas escogidas de las localidades de Camarena y La Torre de Esteban Hambrán. La riqueza de matices –o, si se prefiere, complejidad- es el rasgo más destacado de la nariz de este vino, en la que no es difícil rastrear notas de vermut (tal vez genciana) y chocolate, clavo y lavanda. Gran acidez y estructura en el paladar, donde presenta una excepcional frescura. 

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