Del Ebro al Duero: RIOJANOS EN LA RIBERA

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Espectacular botellero de Portia, diseñada por Norman Foster. / BODEGAS PORTIA

Triunfaron en Rioja y dieron un salto hasta el Duero. Uno de los bodegueros que hicieron este trayecto fue Juan Luis Cañas, que días atrás ha presentado Pendón de La Aguilera, último vino salido de Dominio de Cair (La Aguilera, Burgos), su apuesta en la Ribera. “Vinimos aquí con la única idea de hacer grandes vinos. Decidimos aprovechar la posibilidad que teníamos de recuperar viñas viejas casi abandonadas, muchas de ellas prefiloxéricas, especialmente dotadas para producir tintos superiores”, explica el también propietario de Luis Cañas y Amaren en Rioja Alavesa.

Oportunidad de negocio, pasión enológica, amor al arte… Son variadas las razones que pueden mover a una gran casa de Rioja a establecer una avanzadilla junto al primer río del vino castellano. Cuentan algunas crónicas que los fundadores de Vega Sicilia fueron a Valbuena de Duero huyendo de la temible filoxera, llegada a la Rioja en 1899. Un caso que tiene poco que ver con los actuales movimientos de las bodegas riojanas en el tablero duriense. En éstos tuvieron un claro efecto llamada las jugosas puntuaciones de Parker para los tintos ribereños en vísperas del último cambio de siglo. Vinos que, no se olvide, habían sido catapultados como ejemplo de la moderna enología española, capaces de sintonizar con el gusto internacional del momento frente a una Rioja dormida en sus laureles, léase poca fruta y exceso de madera, no siempre nueva.

Mosaico botellas

Algunos empresarios riojanos no tienen empacho en admitirlo: “Fundamos Áster en la Ribera con la idea de hacer vinos de corte algo más contemporáneo que los que hacemos en Rioja”, declara Guillermo Aranzábal, presidente del grupo La Rioja Alta. En su bodega de Anguix (Burgos) embotella Áster y el premiado Áster Finca El Otero, dos etiquetas que hoy gozan del favor de la crítica experta y que, sin duda, son un excelente banco de pruebas para los procesos de modernización que impulsan desde hace años en la casa matriz del Barrio de la Estación de Haro.

MODERNIDAD Y SABER HACER. Aunque para modernidad, la que llevó a la localidad de Gumiel de Izán (Burgos) el poderoso grupo Faustino originario de Oyón (Rioja Alavesa) cuando inauguró hace algo más de un lustro su bodega Portia. Una joya de la arquitectura de vanguardia firmada por Norman Foster donde ve la luz una consistente gama de vinos (Ebeia, Portia, Triennia) que también reivindica la cara más actual de la enología ribereña.

La fórmula es casi siempre la misma. Quien puede –las bodegas de origen riojano se lo han permitido- adquiere viñas viejas, a veces centenarias, o llegan a acuerdos con viticultores para asegurarse las mejores uvas, que es como decir los mejores vinos. Esta última es la seguida por Bodegas La Horra, filial de la riojana Roda que en apenas cinco años de vida ya ha colocado sus Corimbo y Corimbo I en lo más alto del escalafón. “No sólo compramos uva a viticultores de toda la vida, sino que les hemos invitado a formar parte de la empresa”, explicaba no hace mucho Agustín Santolaya, alma máter del proyecto.

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Dominio de Cair, la apuesta de la familia Luis Cañas en la Ribera. / BACOMANÍA

Camino muy similar al recorrido por otros grupos vinícolas de éxito nacidos junto al Ebro, como Marqués de Vargas, propietario de Conde de San Cristóbal en Peñafiel (Valladolid); Izadi, de Finca Villacreces, o Ramón Bilbao, casa matriz de Cruz de Alba, ambas en Quintanilla de Onésimo, otro de los grandes enclaves vitícolas vallisoletanos. La lista podría alargarse.

Pero no todo ha sido sacar provecho del prestigio de una marca colectiva que construyeron durante largos años bodegas como Pesquera, Pérez Pascuas o la citada Vega Sicilia. La avanzadilla riojana en la Ribera también crea puestos de trabajo, traslada su saber hacer empresarial y revierte en el territorio una buena parte de sus beneficios. Sin ir más lejos, 25 euros de cada botella vendida del citado Pendón de La Aguilera, informa su creador, se destinarán a proyectos sociales para mejorar la calidad de vida de los mayores, en lugar destacado esos viticultores que han hecho posible que las viñas plantadas por sus padres o sus abuelos hayan llegado hasta nuestros días. (Metrópoli)

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