Caserío de Dueñas (Rueda): VERDEJOS QUE SABEN A VERDEJO

Caserío de Dueñas

El Caserío de Dueñas, rodeado de viñedo. / CASERÍO DE DUEÑAS

Presentación y cata de la nueva añada de los verdejos de Caserío de Dueñas (Villaverde Medina, Valladolid) en el pasado Salón de Gourmets, que este año celebraba su trigésima (se dice pronto) edición con nuestro buen amigo Paco López Canís al frente. Se trata de la apuesta en Rueda del grupo vinícola de origen malagueño Hijos de Antonio Barceló, que cuenta también con importantes casas elaboradoras en Ribera del Duero (Viña Mayor), Rioja (Bodegas Palacio) y Toro (Bodegas y Viñedos Anzil).

Instalada en una hermosa finca de 300 has cuyos orígenes se remontan al s.XIX, Caserío de Dueñas está desde hace algo menos de dos años bajo la dirección técnica de Almudena Alberca, a quien pudimos conocer hace algún tiempo, cuando elaboraba con Eulogio Calleja los premiados tintos de Viñas del Cénit (Vino de la Tierra de Zamora), antes de hacerse cargo de los vinos de Dominio de Atauta (Ribera del Duero) tras la salida de Bertrand Sourdais. Sus primeros trabajos en Caserío de Dueñas coinciden con el anuncio de la propiedad del inicio de una nueva etapa orientada a la obtención de vinos singulares y en el escalón más alto de la calidad.

EXPRESIVIDAD Y NITIDEZ. Los vinos presentados apuntan claramente en esa dirección. Primero, el Caserío de Dueñas Verdejo Superior 2015 (9 €), nacido de una selección de uvas del viñedo de la propia finca, sumadas a otras procedentes de otras zonas escogidas, como Rueda y Segovia, y criado sobre lías durante cinco meses. Nos gustó desde un primer momento su expresiva y nítida nariz (sin rastro de esas levaduras que acaban disfrazando de sauvignon blanc los verdejos de toda la vida), con abundante fruta e interesantes pinceladas florales y balsámicas. También una boca densa y rica en matices, envolvente y noble. Uno de esos verdejos que vuelven a saber a verdejo.

MosaicoTras el vino del último año, su hermano mayor Caserío de Dueñas Fermentado en Barrica 2014 (alrededor de 14 €) es un blanco procedente de las cepas más viejas de la propiedad. Aquí, tras pasar una rigurosa mesa de selección, las uvas fermentaron en barricas de roble francés de diferentes tamaños (de 225 a 600 l.), donde siguieron una crianza de ocho meses con sus lías finas. De este vino nos llamó la atención su complejidad, con una nariz potente y rica en registros (fruta en sazón, mantequilla, toques de vainilla, algún que otro fondo mineral), seguida de un paladar de seda, concentrado y, sobre todo, goloso. Como primicia, atención a la siguiente cosecha de este vino, de la que pudimos catar una botella extraída de la barrica. Un 2015 que, a nuestro juicio, superará a la añada anterior.

En un momento en el que desde distintos ángulos se duda de si la cantidad habrá ganado a la calidad en la partida de los blancos de Rueda, tranquilizan apuestas como la del dúo Caserío de Dueñas/Almudena Alberca, claramente encaminadas a recuperar lo mejor de los verdejos tradicionales. El club de las bodegas de Rueda más comprometidas con la calidad cuenta ya con un nuevo miembro. Mini_baco_invertido

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