Jumilla: EL MILAGRO DEL SOL

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Viñas de Jumilla sobre suelos abrasados por el sol.

El vivido por Jumilla es uno de los procesos más interesantes de la España vinícola contemporánea. En poco más de quince años, esta antigua D.O. ha pasado del anonimato a las listas de vinos mejor puntuados del país. De la pésima fama de los oscuros y toscos graneles destinados a robustecer los caldos de otras latitudes, a ser considerada como un ejemplo de la capacidad transformadora de la enología moderna. El milagro ha sido posible gracias al empeño de un pequeño grupo de bodegueros visionarios que apostaron por un futuro de calidad. 

Si hubiera que clasificar las zonas vinícolas españolas en función de su relación entre calidad y precio, sin duda Jumilla se situaría a la cabeza. Pero sería injusto encorsetar esta antigua D.O. en el argumento del precio. Jumilla, junto a Toro y El Bierzo, forma parte de la punta de lanza de un movimiento de regiones vinícolas emergentes que, de alguna manera y desde presupuestos modestos, han cuestionado la hegemonía del triángulo de oro del tinto: Rioja, Ribera del Duero y Priorato.

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Prensado de la uva monastrell.

La D.O. Jumilla se sitúa en el cuadrante noroccidental de la Comunidad Autónoma de Murcia. Suelos cálidos y franco-arenosos o cascajosos, muy pobres en nutrientes pero muy adecuados para retener la escasa humedad y situados entre 400 y 800 metros de altitud. El clima se encuentra entre los más secos de la Península Ibérica, con una pluviometría media de apenas 300 mm anuales y 3.000 horas de insolación, aunque también con fuertes heladas en los meses fríos. Un medio natural de extrema dureza que dificultó la propagación de la filoxera a finales del siglo XIX, lo cual explica la abundancia de viñedos de pie franco en la comarca.

La viga maestra de los vinos de la zona es la variedad de uva monastrell, de abrumadora mayoría y extendida también por todo el territorio circundante, desde las DD.OO. de Yecla y Almansa hasta las de Bullas, Alicante o Valencia. Una vinífera de gran resistencia a la sequía, austera y generosa como pocas, como saben bien en extensas zonas del Midi y el Ródano francés, donde produce tintos de gran aprecio: “Vinos francos, robustos, equilibrados y aterciopelados”, en palabras de la célebre master wine británica Jancis Robinson.

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Algunas botellas de la nueva Jumilla.

Jumilla vivió momentos de esplendor en la segunda mitad del siglo XIX, cuando se convirtió en proveedora de tintos potentes que se exportaban a una Francia devastada por la filoxera. Por la época se multiplicaron las plantaciones de viñedo y los negocios de exportación, a través de los puertos de Alicante y Valencia.

Pasada la crisis gala, la zona dormitó en los graneles y los vinos de cooperativa durante casi todo el siglo XX, ganándose a pulso la mala reputación que venía arrastrando en una España que despertaba a los modernos vinos de calidad. A principios de los 90 del siglo anterior, las bodegas embotelladoras de Jumilla podían contarse con los dedos de una mano.

El inicio del resurgimiento de los vinos de la zona hay que situarlo en vísperas del cambio de milenio. Productores como Agapito Rico (Carchelo) o Hijos de Julia Roch (Casa Castillo), acompañados a cierta distancia de otros como Induvasa –granelista de calidad que acabaría transformándose en Finca Luzón– o la propia Cooperativa San Isidro, se pusieron a contracorriente de las opiniones –a menudo interesadas- de quienes sostenían que en un clima tan soleado era imposible obtener vinos de calidad, y menos de una variedad de uva con tendencia a desarrollar un alto contenido alcohólico, como la monastrell. El ejemplo prendió en los productores más inquietos y el tiempo hizo el resto.

CARNOSOS Y FRUTALES. La monastrell, cuando se deja madurar correctamente en la cepa, proporciona unos vinos redondos, vigorosos, llenos de fruta y de acusada personalidad. Vinos que agradecen el aporte de pequeñas cantidades de viníferas como la syrah, la petit verdot, la propia cabernet o la merlot, entre otras, y que, en el segmento de los tintos jóvenes o de poca crianza, representan una segunda vía de precio bastante atractivo frente a los casi intratables Riberas del Duero y Riojas.

Animados por el éxito de esta nueva generación de vinos, y basándose en las sólidas investigaciones y experimentos desarrollados por la Estación Enológica de Jumilla, dirigida por Adrián Martínez Cutillas, algunos empresarios tradicionales de la zona se subieron al tren del futuro –Pedro Luis Martínez, Bodegas 1890, Bleda, Olivares-, mientras que la hasta hacía nada denostada Jumilla se revelaba como un poderoso imán para nuevos proyectos e inversiones. Bodegas de nueva planta, como la citada Finca Luzón, El Nido, Valle del Carche, Juan Gil o Casa de la Ermita, y proyectos llegados de fuera de la comarca de la mano de prestigiosos grupos empresariales.

En poco más de tres lustros, Jumilla se ha colocado en el centro de la escena vinícola nacional y, lo que es más revelador, ha entrado de lleno en las listas de éxitos de The Wine Advocate el célebre boletín de Robert Parker. J.R. Peiró

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