Aalto 2014: LÁGRIMAS EN LA LLUVIA

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Un momento de la cata de los vinos que intervendrán en Aalto y Aalto PS 2014. / JEAN PIERRE LEDOS – AALTO

Son bien conocidas las altas calificaciones –a cargo de los grandes prescriptores internacionales, incluido Parker– que reciben anualmente los tintos Aalto y Aalto PS (pagos seleccionados) de la bodega homónima, fundada hace tres lustros por Mariano García y Javier Zacagnini en la Ribera del Duero.

No es tan de dominio público, sin embargo, la rica trastienda vitícola de la bodega de Quintanilla de Arriba, cuyos vinos son el resultado de un ensamblaje de más de 150 pequeñas parcelas de tempranillo distribuidas en siete municipios burgaleses y dos vallisoletanos. Uno de los secretos mejor guardados de la Ribera del Duero que ahora es desvelado por los creadores de la marca.

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Los siete vinos de municipio (centro) que intervendrán en el ensamblaje de los Aalto 2014. / JPL – A

Es esta diversidad de matices, cuidadosamente gestionada por los técnicos de la bodega, lo que hay detrás del equilibrio y la complejidad de los tintos de Aalto cosecha tras cosecha, haciendo bueno el dicho de que el vino es una hermosa victoria del hombre sobre una naturaleza con frecuencia hostil o desfavorable.

MÁS DE 150 PEQUEÑAS PARCELAS. Para modelar el perfil definitivo de sus tintos, los responsables de la bodega fermentan por separado los tempranillos de los distintos enclaves de viñedo, luego los afinan en barrica y, finalmente, proceden a ensamblarlos antes del embotellado. Si es cierto que la calidad de los vinos depende siempre de una conjunción de factores naturales, como clima, suelo y vidueño, en el caso de Aalto también es crucial el acierto en los citados tratamientos enológicos.

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Mariano García, catando uno de sus vinos. / JPL – A

En este momento, los Aalto y Aalto PS 2014 construyen su personalidad en la penumbra de la sala de barricas. Su fórmula definitiva aún está por determinar, pero lo que sí es seguro es que, como en no pocas cosechas anteriores que hemos podido degustar, incorporará la profundidad de las viejas cepas de Fresnillo, la finura y elegancia de las de La Aguilera y Baños, la energía de los tempranillos de La Horra y Roa, la rotundidad de los de Piñel y la acusada personalidad de las uvas de Moradillo y Quintanilla. Un conjunto de viñas en el que está contenida la increíble diversidad de climas, suelos y matices de la Ribera del Duero.

Una sesión de cata singular donde pueda haberlas, de la mano de Mariano García y Javier Zacagnini, ideólogos y padres fundadores de Aalto, como se ha dicho más arriba. Al final del encuentro, celebrado a mediados del pasado junio en el restaurante madrileño Club Allard, difícil evitar esa sensación cercana a la melancolía que produce el sacrificio en un coupage final de unos cuantos tintos que, de continuar su camino en solitario, podrían haber llegado a ser pequeñas –pequeñas por volumen– obras maestras del vino. Como las lágrimas en la lluvia de aquel inolvidable replicante de la inmortal Blade RunnerMini_baco_invertido

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