Muga Reserva Especial 2010: CLÁSICA MODERNIDAD

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Parte de la familia Muga. De izquierda a derecha, Juan, Eduardo, Isaac, Ana y Juan. / MUGA-ABRAHAM CARRALERO

Fundada en 1932, Muga es una de las bodegas que mejor resume la historia moderna de la Rioja. Cuando al grito de “las viñas que las trabajen otros” la mayoría de las casas vinícolas riojanas se deshicieron de sus parcelas para centrarse en la fermentación y crianza, los Muga supieron guardar su espalda vitícola y mantuvieron la propiedad de sus mejores viñedos –El Estepal, La Loma, Baltracones, La Loma Alta-, siguiendo al pie de la letra ese axioma del vino que dice que la calidad comienza en la cepa.

Llegado el momento, no faltaron a la cita con la modernidad, participando activamente en la profunda revisión de los estilos excesivamente tradicionales que imperaban en nuestra primera zona de tintos, cuya hegemonía comenzó a ser cuestionada en los pasados 90 por zonas emergentes como la Ribera del Duero o el Priorato.

Fruto de esa nueva forma de concebir el vino fue la aparición de marcas como Torre Muga, primero, y Aro, unos años más tarde. Un nuevo perfil de tintos –menos peso de la barrica, presencia más nítida de la fruta- dirigido a un consumidor de nuestro tiempo y en sintonía con las tendencias imperantes en los mercados del siglo XXI.

Pero si hay algo que ha caracterizado de siempre a la familia Muga es su exquisito trabajo con la madera, nunca concebida como un ingrediente más de los vinos, sino como una herramienta que hay que manejar con prudencia y sutileza para permitirles alcanzar el techo de sus posibilidades.

PEQUEÑA CATA VERTICAL. Nos lo volvió a demostrar hace unos días en el restaurante madrileño La Trainera (Lagasca 60, Madrid. Tel. 91 576 80 35), escenario de la presentación de la añada 2010 de su Selección Especial, un reserva que nació en 1994 inspirado en el Torre Muga, que había debutado tres años antes. “Es como su hermano pequeño”, explicó a los presentes Manu Muga, presidente de la bodega, “pero con algunos rasgos del gran reserva Prado Enea”.

El encuentro sirvió para una minicata vertical del Selección Especial, cosechas 1994 (en compañía de un soberbio rape a la espalda), 2010 (con entrecot de lomo de buey gallego) y 2006 (como escolta de un estupendo queso manchego). Previamente, el Muga Blanco 2013 fermentado en barrica (nariz de flores y fruta escarchada, paladar opulento y con mucha vida por delante) había acompañado a la perfección un suculento capítulo de entradas: jamón ibérico de bellota, anchoas del cantábrico, gamba de Huelva a la plancha y almejas de Carril a la sartén.

Muga_SeleccionEspecial2010Del vino protagonista, el Selección Especial 2010, nos llamó la atención su poderoso esqueleto, con unos taninos vivos y en perfecto equilibrio, precedido por una nariz de extrema finura y elegancia que nos hizo pensar en algunos grandes burdeos: confitura de moras, notas mentoladas, laurel, bosque umbrío… Un vino a la altura del gran 94 que abrió la serie de tintos, del que nos sorprendió su vigor y entereza a pesar de sus 20 años de vida, y algo por encima del 2006, otro estupendo tinto, de nariz expresiva y paladar de terciopelo, aunque sin alcanzar las cotas de finura de sus hermanos. J.R. Peiró

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