Fiesta de la Floración: OCHO TINTOS DE GREDOS EN PRIMICIA

Fernando García y Daniel G. Jiménez-Landi, el Comando "G" / J.R. PEIRÓ

Fernando García y Daniel G. Jiménez-Landi, el Comando “G” / J.R. PEIRÓ

Lo hemos dicho en más de una ocasión: en la sierra de Gredos se está escribiendo una de las páginas más interesantes del vino español contemporáneo. Las claves no son otras que una variedad de uva, la garnacha, viñas viejas perfectamente adaptadas desde tiempo inmemorial a las durísimas condiciones de un entorno de alta montaña (entre 700 y 1.200 m sobre el mar), suelos graníticos y pizarrosos, y un puñado de jóvenes elaboradores entusiastas y con planteamientos vitícolas y enológicos muy claros.

Los tintos que surgen cosecha tras cosecha de esta conjunción de factores nos reafirman en la apuesta. La Fiesta de la Floración celebrada hace unos días en la localidad madrileña de Rozas de Puerto Real por iniciativa de Quim Vila, uno de los actores destacados de este singular escenario báquico, permitió una toma de contacto con las últimas entregas de varios de los vinos más interesantes de la zona. Mosaico Gredos Vila

Por un lado, El Hombre Bala 2012, La Mujer Cañón 2012 y el más novedoso La Reina de los Deseos 2011, los tres tintos agrupados bajo el sello Uvas Felices, proyecto iniciado en 2010 por Vila Viniteca y los dos enólogos /viticultores de Comando “G”, Fernando García (Bodega Marañones) y Daniel Gómez Jiménez-Landi, volcado este último también en su proyecto personal (El Reventón, Cebreros) tras abandonar hace dos años la bodega familiar en la que dio sus primeros pasos.

VINOS DE PUEBLO Y DE PARCELA. De El Hombre Bala (entre 12.000 y 14.000 botellas de producción), tras una nariz muy reducida que necesitó un tiempo en la copa para mostrar su delicado fondo frutal, nos interesó su nítido carácter varietal, así como un paso de boca fluido, de media estructura; un vino ‘de pueblo’, es decir, de varias parcelas de viña en un mismo municipio, ideal para una primera toma de contacto con los vinos de la sierra.

Panorámica de la Sierra e Gredos desde / VILA VINITECA

Panorámica de la Sierra de Gredos desde Rozas de Puerto Real / VILA VINITECA

La cosecha 2012 de La Mujer Cañón (poco más de 1.000 botellas, 12 meses de crianza en barrica francesa de 450 l.) nos sedujo al momento con una fragante nariz de fruta roja y negra en estado perfecto de madurez, con el contrapunto de una boca austera y unos sutiles ecos minerales. Se trata de un vino de parcela, como La Dama de los Deseos 2011 (apenas 600 botellas), tercero de la serie y última incorporación a la escudería de Uvas Felices. Al contrario que el anterior, nos pareció algo cerrado aún en la nariz -aunque con interesantes notas de herbolario- mientras que era en el paladar, de medio cuerpo, aterciopelado y persistente, donde exhibía ya sus mejores argumentos. Un terceto de vinos que necesitarán unos cuantos meses de botella para expresar todo lo que llevan dentro, que no es poco.

Después de la fiesta. / VV

Después de la fiesta / VV

Por su parte, Comando “G” se presentó en el encuentro con las últimas añadas de sus cuatro tintos. En la base de la gama, el Bruja Avería 2013, un vino franco y directo, con aromas de retama y frambuesa que preceden un paladar fresco, aunque algo anguloso todavía. Estupendo preámbulo para los tres tintos mayores del dúo García-Jiménez-Landi, todos ellos de la cosecha 2012. A saber: Las Umbrías (color rubí claro, nariz balsámica, magnífica apertura en el paladar), Rey Moro (nariz de abundantes trazas minerales, gran esqueleto y persistencia) y Rumbo al Norte, el más grande de la familia, con una delicada y profunda gama aromática en la que se entrelazan notas de fruta negra y sotobosque con suaves especias y dejos minerales, abriendo paso a una boca de increíble estructura y equilibrio que anuncia una gran evolución en la botella. Al tiempo.

El tinto de Daniel G. Jiménez Landi en Cebreros / VV

El tinto de Daniel G. Jiménez Landi en Cebreros / VV

BAJO LA LUPA DE LA CRÍTICA. Finalmente, la añada 2012 de El Reventón de Daniel G. Jiménez-Landi, el vino que encandiló a Parker (97 puntos) hace cuatro años y que puso bajo la lupa de la crítica internacional el enclave de la sierra de Gredos en el que se tocan las provincias de Ávila, Toledo y Madrid. Elaborado con uvas de la localidad de Cebreros, procedentes de viñas trabajadas con mulas -como buena parte de los anteriores-, el vino necesita tiempo para abrirse en la copa, momento en el que sorprende por su riqueza de registros aromáticos –flores azules, apuntes minerales, arándano, suaves clavo y vainilla- y por un paladar mullido y enérgico a la vez, de gran amplitud y persistencia. Otro vino excepcional, lleno de fuerza y estilo, que seguirá creciendo.

Las garnachas de Uvas Felices, Comando “G” y Jiménez-Landi, en rigurosa primicia. Último capítulo de una de las historias más apasionantes de vino español de nuestros días. Los aficionados curiosos harían bien en tomar buena nota. J.R. Peiró (Metrópoli)

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