Pago de Vallegarcía: BURDEOS (Y EL RÓDANO) EN LOS MONTES DE TOLEDO

En la mesa de selección / PAGO DE VALLEGARCÍA

En la mesa de selección / PAGO DE VALLEGARCÍA

Nos cita en el restaurante madrileño Kabuki (Velázquez, 6. Tel. 91 577 78 77) nuestro buen amigo Luis Miguel Martín (distribuidora ATEM Vinos) para darnos a conocer las últimas añadas de Alfonso Cortina en su Pago de Vallegarcía. Y uno, que siempre ha sido muy fan del viognier de la casa –pionero de esta variedad de uva en nuestro país-, acude a la cita sin pensarlo dos veces. No hacía falta, pero la cocina japonesa de fusión de Ricardo Sanz añade incentivos al encuentro.

Arriba, detalle de la bodega. Sobre estas líneas, racimos de viognier / PV

Arriba, detalle de la bodega. Sobre estas líneas, racimos de viognier / PV

Concordancia de vinos y platos difícil donde las haya, con dos excepciones: uno de los vinos, el blanco viognier, cuya fuerte personalidad le permite lidiar con los potentes condimentos y aderezos de la cocina del país del sol naciente, y la soberbia costilla de buey wagyu que cerró los platos principales del menú, inmejorable compañía para cualquiera de los tintos servidos, en especial el Hipperia 2010 que cerró la terna. Aun así, botellas y manjares (además de la carne, estupenda degustación de atún en tres distintos cortes, bol de erizo con papa canaria y huevo de corral, niguiris de pescado blanco, de steak tartar, de ventresca flambeada) no desentonaron en ningún momento. Pero los protagonistas de la reunión eran los vinos.

PASIÓN POR EL VINO. Alfonso Cortina, expresidente de Repsol, posee una de las colecciones de vinos más importantes del país. Su pasión por la bebida de Baco, en especial por los burdeos y borgoñas –en su bodega personal no falta ninguna añada importante de las primeras etiquetas-, está en el origen de su decisión de convertirse en bodeguero tras una vida dedicada al mundo de los negocios.

Viñedo y bodega Pago Vallegarcía / PV

Vista del viñedo y la bodega / PV

Asesorado por el australiano Richard Smart, autoridad mundial en viticultura, Cortina inició en 1999 la plantación de las 31 has de su viñedo de Vallegarcía, situado a 850 m. de altitud en los Montes de Toledo. Cinco variedades tintas de origen francés (cabernet sauvignon, merlot, cabernet franc, petit verdot y syrah) junto a la blanca viognier, base esta última del vino que mejor dio a conocer la marca Vallegarcía en los años posteriores al último cambio de milenio. Siete años más tarde, inauguraría su hermosa y moderna bodega, dotada de la última tecnología. J.R. Peiró

LOS VINOS, UNO A UNO

VALLEGARCÍA VIOGNIER 2011. La variedad originaria del Ródano septentrional, presente sobre todo en la AOC Condrieu, vino a señalar en su día nuevos caminos en una gama de estilos de vino blanco dominada por los albariños gallegos, los verdejos de Rueda y los omnipresentes chardonnay. Adolfo Hornos, director técnico de Vallegarcía, sabe exprimir las interesantes, y aún poco exploradas, posibilidades de esta vinífera singular: intensidad y complejidad en nariz, untuosidad y volumen en boca. De este 2011 nos han interesado sus aromas de fruta escarchada y mango envueltos en un fondo de humo y tueste, así como un paladar fresco y envolvente, graso y de larga persistencia. PVP (aproximado): 13 €.

Mosaico Vallegarcía

PETIT HIPPERIA 2011. Como sugiere su nombre, viene a ser un hermano menor del primer tinto de la casa. En su ensamblaje participan las mismas viníferas, aunque en distintas proporciones. El vino necesita tiempo en la copa para abrirse y mostrar sus encantos de juventud (fruta roja, mermelada de frambuesa) tras un primer momento de marcados aromas de sotobosque y de la serie vegetal. La boca, enérgica y brava, con un puntito canalla, sugiere un vino para tapear en la barra o para acompañar platos de casquería no necesariamente fina. Por ejemplo, unos callos tradicionales, picantes y generosos de pimentón. PVP: 10 €

VALLEGARCÍA SYRAH 2009. Los 850 m. sobre el mar del viñedo de Vallegarcía compensan bien la diferencia de latitud entre nuestros Montes de Toledo y la región francesa de Hermitage en la que se inspira este tinto. Un syrah de finura poco frecuente, de intensa nariz de bayas silvestres matizadas por notas de tueste y especias dulces, seguida de un paladar seco, de firme estructura y paso de boca fluído, sin esa pastosidad característica de los syrah de clima muy cálido. Le tocó bailar con los niguiri del menú, prueba de la que salió bastante airoso aunque se entendería mejor con un buen lechazo al horno. PVP: 12 €.

HIPPERIA 2010. El tinto de referencia de Vallegarcía nos pareció que se inspiraba –salvando las debidas distancias- en el estilo de los vinos de Saint-Émilion, donde la uva cabernet franc supone más de un 30 por ciento del viñedo. Cabernet sauvignon, merlot y petit verdot completan el ensamblaje. La nariz de este vino tiene dos momentos: de entrada engaña con unos marcados aromas de pimiento que hacen pensar en un cabernet menor, pero según pasan los minutos se disipan y dejan paso a una fina y rica panoplia de frutillos silvestres (madroño, grosella, mora) sobre un elegante fondo de especias (vainilla, clavo) y bombón de licor. Luego, en la boca, es fresco y sabroso, se despliega con ampulosidad y se prolonga en un potente y aromático final. Un vino para beber y también para guardar unos cuantos años en el botellero. PVP: 18 €.

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