Juan Piernas, Tr3smano, Montecillo, Flamingo Rosé… LLUVIA DE NOVEDADES EN PRIMAVERA

Primavera, esta que enfila su recta final, agitada donde las haya habido en el mundo del vino. Bodegas debutantes, casas históricas que se ponen al día, chaparrón de nuevas etiquetas… No hay duda de que los bodegueros españoles comienzan a mirar hacia la pasada crisis por el espejo retrovisor. Hasta el consumo per cápita del país parece estar repuntando tímidamente. Imposible reseñar el frenético ritmo de las novedades, pero he aquí algunas de las que más nos han interesado entre las que hemos podido seguir.

En primer lugar, dos nuevos en la plaza. La firma murciana Jorge Piernas Viñedos y Bodegas, cerca de Bullas, en el municipio de Mula concretamente, aunque fuera de la denominación de origen, y Tr3smano –así como lo leen-, aterrizaje en la Ribera del Duero de dos pesos pesados del vino moderno español: Fernando Remírez de Ganuza y Pedro Aibar.

La familia Piernas, en su viñedo. / JPVB

La marca de referencia de la citada en primer lugar es Juan Piernas 2015 (27 €), un monastrell que nos recuerda más a algunos tintos del Ródano que a sus vecinos de Jumilla y Alicante. Intensos aromas de tueste y bayas negras descuellan de una nariz en la que también se puede seguir el rastro de un fondo especiado (vainilla, canela, clavo) y alguna que otra nota de herbolario. Preámbulo de un paladar poderoso, de gran cuerpo y estructura, repleto de vivos y nobles taninos que deben terminar de acoplarse en unos meses más de botella. La uva monastrell en su máxima expresión. Su autor es Jorge Piernas, joven enólogo formado con algunos de los grandes del país (Artadi entre ellos) y con sólida experiencia en el Nuevo Mundo. Y le acompaña en la gama Sinesquema 2015 (17 €, monastrell con un 20 por ciento de syrah), un vino algo más fluido que el anterior y algo más tenso, pero con un prometedor futuro. Le seguiremos la pista.

¿UN GRANDE DEL DUERO? La salida de Pedro Aibar de Viñas del Vero (su monumental ópera prima, en el Somontano aragonés) fue una de las campanadas del año 2008 en los círculos del vino español. Ahora, la noticia es su reaparición en la Ribera del Duero tras dejar la dirección técnica de El Coto de Rioja, del poderoso grupo Barón de Ley. Lo hace para dirigir las elaboraciones de Tr3smano, bodega vanguardista con 35 has de viñedo viejo en el municipio de Peñafiel, no lejos de Valbuena y Pesquera, en el mismo corazón de la demarcación vinícola castellana.

El proyecto al que se incorpora Aibar tuvo su origen en el grupo mexicano La Europea de la familia Ruiz, a cuya propiedad se sumó más tarde Remírez de Ganuza, quien, además, aportó un viñedo de 13 has en la localidad de Olmedillo de Duero. Tr3smano Vendimia 2014 (32 €) es la primera entrega de la nueva firma, un tinto fino puro del que nos gustó una nariz potente y fresca a la vez (confitura de bayas silvestres, cacao, tueste, nuez moscada), a la que sigue un paladar rotundo y equilibrado, con larga vida por delante.

En primer plano, Fernando Remírez de Ganuza. / BACOMANÍA

De momento es el único vino de la bodega en el mercado, pero ya preparan el que será su top de gama, Tr3smano Milenio 2014 (“TM”), nacido de una estricta selección de uvas -apenas 3.200 botellas- procedentes de los municipios burgaleses de Moradillo y Olmedillo, y cuyo lanzamiento está previsto para finales de este año. Rara mezcla de finura y poderío en una nariz fragante que abre paso a una boca fresca, turgente y equilibrada, de larga persistencia. ¿El nacimiento de un grande del Duero? El tiempo lo dirá, pero no le faltan maneras. Esperen y juzguen.

EL RELOJ EN HORA. Bodegas de nuevo cuño y firmas históricas que ponen el reloj en hora. Entre estas segundas, la riojana Montecillo, con casi siglo y medio de vida en Fuenmayor, que aprovechó el último Salón de Gourmets para presentar en Madrid a finales del pasado abril su nuevo Montecillo Edición Limitada 2010 (15 €). Se trata de uno de los primeros frutos del proceso de modernización iniciado hace una década por Mercedes García, enóloga de la bodega.

Modernidad y singularidad, podríamos añadir. Desde un ensamblaje de variedades de uva poco frecuente (70 por ciento de tempranillo de los viñedos de la bodega y 30 por ciento de graciano del municipio de Tudelilla) hasta una crianza de 26 meses en barricas con duelas de roble americano y francés intercaladas. El resultado es un vino joven e intenso a la nariz (abundante frutilla negra, ricos matices balsámicos) y de vigorosa estructura en el paladar, de potente pero bien integrada acidez que le permitirá crecer en la botella. Un tinto para beber, pero también para guardar sin miedo.

Mercedes García (Montecillo) en plena faena. / MONTECILLO

Interesante también la degustación de añadas históricas de la bodega que acompañó la presentación en sociedad del nuevo vino: cuatro cosechas (1975, 1982, 1994 y 2001) de Montecillo Gran Reserva Selección Especial. Vinos que se mantienen vivos -uno de ellos con más de 40 años a la espalda-, en los que se podía apreciar la evolución en el tiempo de los estilos riojanos y entre los que nos gustó especialmente el 1994, de nariz fina y compleja (mermelada de frutilla silvestre, lavanda, vainilla, laurel, tabaco de Virginia…) y boca aterciopelada, amplia, con médula y gran persistencia. No en vano fue esta misma cosecha la que marcó un antes y un después en las elaboraciones riojanas en vísperas del último cambio de siglo.

HERMOSA PALIDEZ. Tampoco faltó a su cita anual por estas fechas Pelayo de la Mata, quien nos citó hace unos días en el restaurante madrileño Amparito Roca para la puesta de largo de su primer rosado ultrapálido, en perfecta sintonía con el gusto del momento. Se llama Conde de San Cristóbal Flamingo Rosé 2016 (18 €) y lo firma Jorque Peique, director técnico de la bodega del grupo Marqués de Vargas en la Ribera del Duero. Uvas procedentes de una pequeña parcela, 20 por ciento de rendimiento uva/mosto, tenue color asalmonado… Aspecto algo anémico, pero nariz de infrecuente fragancia (intensos aromas de frutilla roja y flores azules), seguida de un paladar jugoso y con nervio, en el que destaca una magnífica (y bien ensamblada) acidez.

Pelayo de la Mata (al fondo) durante la presentación en Amparito Roca de su Flamingo Rosé. / B

No estuvo sólo en su bautizo el nuevo rosado. Durante el estupendo menú servido por Jesús Velasco en su establecimiento, le precedió Pazo San Mauro 2016 (12,50 €, de la bodega homónima del grupo en el Condado do Tea, Rías Baixas), un albariño en el que comienzan a apreciarse los cambios (trabajo de lías, estudiadas maceraciones) introducidos por Susana Pérez, actual responsable enológica: más intensidad y nitidez en los aromas (fruta de hueso, flores blancas), más volumen en el paladar, magnífica persistencia.

Y le siguieron el blanco Sanamaro 2015 (20 €, gran riqueza aromática tras seis meses de crianza en depósito sobre sus lías finas, firmeza y persistencia en el paladar) y los tintos Conde de San Cristóbal 2014 (17 €, fino en nariz, boca vigorosa, ejemplo de sabiduría y prudencia en el manejo de la madera de crianza) y Marqués de Vargas Reserva 2012 (20 €), tinto de nariz profunda con algún que otro eco mineral a la que sigue una boca llena y de admirable estructura. Estupendos banquete y cata para celebrar el 75 aniversario de Varma, matriz del grupo bodeguero de Pelayo de la Mata. 

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