Trago corto, trago largo… LA FIEBRE DEL DESTILADO PREMIUM

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Desde hace unos cuantos años, y a pesar de las campañas restrictivas del consumo de bebidas alcohólicas, este país vive una auténtica fiebre del destilado. Empiezan a quedar muy atrás los tiempos en los que unas pocas marcas o etiquetas se repartían los licores de la sobremesa o el combinado de la fiesta. El consumidor de nuestros días, cada día mejor informado, pide novedades y calidad.

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Conscientes de ello, las destilerías y los distribuidores inundan el mercado año tras año de nuevos productos y etiquetas premium. Una tendencia que también tiene que ver con el auge del cóctel y el combinado. Donde siempre hubo camareros, ahora proliferan los mixólogos y bartenders, algo así como los DJ de la barra. Y no hay restaurante que se precie que no disponga de una buena lista de bebidas espirituosas. El reciente Salón de los Destilados Premium que organiza cada año en Madrid la Guía Peñín nos ha servido para repasar algunas de las etiquetas más interesantes o novedosas del momento. Rones y ginebras, tequilas y vodkas, whiskies, brandies… No estaban todas las que son, pero sí son todas las que estaban. Pasen y vean.

El auge del cóctel ha multiplicado la oferta de destilados.

El ron y la ginebra, como en años anteriores, acaparaban la mayoría de las mesas. Calidad y cantidad entre los rones. Desde los grandes Zacapa (XO y 23), con su habitual complejidad aromática y su paso de boca ampuloso, hasta el dominicano Quorhum 30, un nuevo ron del que destacaríamos su finura y elegancia, su tacto acariciante y su espectacular apertura en el paladar. También de Oliver & Oliver, como este último, nos sedujeron la sutilidad del Puntacana XOX y la delicadeza especiada del Exquisito 1985. Sin olvidar marcas como Presidente Martí 23 Años (otro dominicano debutante, gran profundidad, cálidos toques de tueste), las pinceladas minerales y de naranja amarga del panameño Zafra, la riqueza aromática (tila, herbolario, humo) del Plantation Trinidad 1996 o el Dictador 20 Years Old, de tacto amable -a pesar de su nombre- y con personalísimas notas de frutos secos en el final del trago. Había más botellas de interés, pero no hay espacio para reseñarlas.

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Entre las ginebras, segundo gran capítulo del encuentro, nos gustó especialmente -por su originalidad sin romper el canon, es decir, sin recurrir a violentas maceraciones- la Madions V Destilación (procedente de Letonia, expresiva nariz de cilantro y harissa, curiosas notas salinas en la boca). Todo un hallazgo. Estupendos destilados -algunos bien conocidos, otros no tanto- como la francesa Citadelle Reserve 2013 (distinguidos ecos de cognac, envejecimiento por el método de soleras, a la jerezana), la Oxley Cold Distilled (flores secas y pomelo rosa en el final de boca), la Sloane’s (enebro puro, sutiles toques de mandarina, alcohol de calidad), la holandesa Voortrekker (naranjas de Sudáfrica entre sus ocho botánicos -y en el color-, ecos de Cointreau), o la suave, sofisticada y floral london dry gin Mombasa Colonel’s Reserve…

DEL FRÍO AL CALOR. Escasos vodkas, en cambio, sobre las mesas, pero de categoría. Los mejores siguen llegando del frío, como el ruso Beluga Gold Line (balsámico, ecos de tierra húmeda, paladar de seda) o el no menos singular -y sueco- Karlsson’s Gold, un destilado de patata con fragancias de oliva verde exprimida y tacto delicado (¿quién dijo que el vodka ni huele ni sabe?).

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El Salón del Destilado Premium volvió a congregar a numerosos profesionales.

Y del frío, al calor del tequila. Aquí -pocas novedades-nos centramos en el reposado, ni el joven incoloro ni el añejo, que, a partir de cierta crianza, apenas se distingue de otros destilados envejecidos en roble. Del Jimador (nueve meses de barrica) nos siguen conquistando sus aromas balsámicos y su boca fresca, mientras que del Revancha (obtenido con agave de una sola finca) nos quedamos con los dejos salinos y minerales del paladar.

¿Algo más que destacar? Sí. Un par de whiskies y un brandy jerezano. Por un lado, el bourbon Bulleit ‘95’ Rye (finas notas especiadas, sutiles trazas de linimento y after shave) y el Caol-Ila 2000, elegantísimo y sabroso malta de Islay en el que la turba no se apodera del conjunto. Y para terminar, el brandy Colección Roberto Armillo Reserva Privada, rica y profunda nariz de frutos secos (pasas, higos) y maderas preciosas, rematada por un paladar de terciopelo. Que los disfruten con moderación. J.R. Peiró (Metrópoli)

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