Blancos gallegos: REUNIÓN EN LA CUMBRE

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Viñedos del Ribeiro en terrazas / JRP

Túnel del vino en la Casa de Galicia de Madrid el pasado miércoles, con Luis Paadín (presidente de los sumilleres gallegos y director de la Guía de Vinos y Destilados de Galicia) como anfitrión. Una ocasión de oro para repasar algunas de las etiquetas gallegas más interesantes del momento. Esperando a los catadores, más de 70 botellas entre aguardientes, tintos y blancos, con predominio claro de estos últimos, como era de esperar. Se trataba de mostrar a los convocados, en su mayoría sumilleres y comerciantes madrileños, una buena parte de los vinos mejor calificados en la guía.

Para empezar, un detalle chocante: copa única y sin escupideras. De modo que hubo que concentrarse y aguzar la pituitaria para extraer la máxima información de la mínima cantidad de vino posible. En estas condiciones, a este catador le pareció prudente limitarse a los blancos. Como medio centenar.

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Vedimia en O Rosal (Rías Baixas) / JRP

Ribeiro y Rías Baixas eran las dos zonas mejor representadas en el encuentro, como en la vida misma. Entre los primeros, sorprendente la presencia –por su escasa producción, muy por debajo de su demanda, con gran número de compradores en lista de espera- del Emilio Rojo 2011, un blanco de nariz muy compleja –manzana granny smith, flores, pomelo- y paladar con abundantes ecos minerales… Un blanco nada convencional, como de costumbre.

EDICIONES MUY LIMITADAS. Grandes también, sin salir de las márgenes del Miño, el Felicísimo 2012 (fresco y elegante, notas de hinojo y manzana, plenitud en la boca) de Herederos de Jesús Freijido, bodega bajo cuyo techo también se elabora El Paraguas Atlántico 2012, de expresivo y completo paladar, aunque tal vez algo más tímido en nariz que en entregas anteriores. Y para terminar con los ribeiros que nos llamaron especialmente la atención, una auténtica rareza: Norte & Sur 2012, limitadísima serie de 437 botellas –sus hermanos Norte y Sur no salen mejor parados, con 500 y 323 botellas, respectivamente- de un vino fragante como pocos (ciruela verde, piel de melocotón, pomelo rosa), gustoso y con delicados aromas balsámicos en el final de boca. Un descubrimiento.

Copa de blanco

La degustación incluyó algunos blancos de edición muy limitada / ARCHIVO

Entre los Rías Baixas, albariños bien conocidos y de ganada reputación. Como los estupendos Pazo de Señorans 2012 y Selección de Añada 2006, de los que ya hemos dado cuenta en esta misma publicación. O como los La Val Fermentado en Barrica (sutileza en el manejo de la madera), Martín Códax Lías (fruta en sazón, paladar de seda), Fillaboa Selección Monte Alto (gran estructura) o Tricó (mineral, cítrico), todos ellos de la cosecha 2010, o el infalible Terras Gauda 2012, con su habitual sensación de plenitud y su paso de boca acariciante. Y de nuevo un hallazgo para quien firma estas líneas, el Casal de Flores 2012, con elegantes dejos minerales y esqueleto firme, como para mantenerlo en la botella al menos un par de años.

Fuera ya de las dos grandes zonas, en Valdeorras despuntaban con claridad el godello Sorte o Soro 2011 de Rafa Palacios (nariz de humo y fruta, paladar fresco, sabroso, rotundo, sin duda una de las cumbres de la reunión) y el Godeval Cepas Vellas 2012 (perfiles nítidos, gustoso, potente y equilibrado), seguidos del Pedrazáis Godello Lías 2012, un vino fragante y con excelente acidez que le dará larga vida.

UN VINO DESAMPARADO. Entre los blancos de Monterrei hay que citar un sólido Gargalo Godello 2012 (aromático, sabroso) y, sobre todo, un interesante Lobarzán IS 2012, vino de culto entre los aficionados gallegos, con una nariz compleja –guayaba, flores marchitas, hidrocarburos- seguida de una boca gustosa, amplia y persistente. Cerrando el mapa de las denominaciones de gallegas, el Algueira Escalada 2011 de Ribeira Sacra, potente y glicérico en el paso de boca tras una nariz de bálsamo y fruta.

Y como nota curiosa de la sesión, Torgo 2012, un albariño (90%) sin denominación de origen (no encaja en los mapas oficiales, etiquetado en la guía como vino desamparado) pero con muchas cosas que decir: desde una original nariz de flores y frutilla roja hasta un paladar de notable firmeza y amplitud. Como resumen, una más que interesante reunión de cata, con presencia de algunas de las etiquetas más raras y exclusivas del momento. J.R. Peiró

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