Restaurante L’Eggs: EL NUEVO PRÊT-À-PORTER DE PACO PÉREZ

Huevos con spaguettini arrabbiata y bogavante

Huevos con spaguettini arrabbiata y bogavante.

Las segundas marcas de los consagrados es una de las tendencias más en boga de la cocina de nuestros días. La fórmula no puede ser más sencilla: un cocinero en la cresta de la ola –el barómetro sigue siendo, mal que nos pese, la guía Michelin- abre un segundo local –o un cuarto o un quinto-, generalmente temático y/o de precios moderados. Algunos llaman a esto la democratización de la alta cocina, la versión para el gran público de los primeros espadas del fogón.

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Ensalada de tomates de temporada, ventresca de bonito, piparra y cebollita.

L’Eggs responde a este perfil: un local hermoso –exquisito neorusticismo, magnífica iluminación- en la arteria más cara de Barcelona (Paseo de Gracia), una carta casi monográfica alrededor de los huevos y el nombre de Paco Pérez sobrevolando el menú y diciéndole al comensal que si un huevo frito siempre es un huevo frito, en este caso incorpora una porción del talento del chef de moda en establecimientos como los doblemente estrellados Miramar (Llançà, Girona) y Enoteca Hotel Arts (Barcelona), el berlinés Das Stue (una estrella) o los también barceloneses The Mirror (en el hotel homónimo) y La Royale Burguer

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Luces bien estudiadas y fantasía en la decoración.

En la oferta de L’Eggs hay huevos para todos los gustos. Desde los más atrevidos que preparan en escudella i carn d’olla o los de pato en salsa Pekín hasta los más tradicionales acompañados de pimientos verdes, su jugo y panceta ibérica, los rancheros con maíz tierno y tortita frita o los clásicos con jamón ibérico, patatas y ajo negro. De este último plato, uno de los escogidos en una reciente visita, hay que decir que carece de misterio. De los servidos con spaguettini arrabbiata –más bien spaguettoni por el calibre- y bogavante, que no terminaron de resultar redondos porque el picante de la pasta eclipsaba demasiado el sabor del crustáceo. Tal vez no acertamos en la elección… Y otra duda: ¿por qué la carta habla constantemente de huevos, en plural, cuando la mayoría de los platos incorpora una pieza única?

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Imagen de la barra, a la entrada del local.

Además de huevos, la casa ofrece otras opciones, como la ensaladilla rusa, el canelón de setas de temporada con bechamel de trompeta de la muerte, algunos arroces y carnes –aquí los precios suben- o los tacos de merluza con mayonesa de miso. Al final nos decantamos por unos chipirones con garbanzos y una ensalada de tomate, ventresca de bonito, piparras y cebollita, por aquello de desengrasar. La segunda tampoco era nada más de lo que dice su enunciado, mientras que los primeros adolecían de un defecto básico: el punto de las legumbres era perfecto y el fondo de calamares estupendo, pero no parecían haberse cocinado juntos o, al menos, no durante suficiente tiempo: los garbanzos no habían absorbido ni un ápice del sabor de los otros ingredientes.

Ya sea por una elección de platos excesivamente conservadora, ya por algunas de las razones expuestas, una toma de contacto que no puede calificarse de arrebatadora. Habrá que intentarlo de nuevo en cuanto haya ocasión. El vino, un Finca Malaveína 2009 de l’Empordà, sí que estuvo a la altura. Texto y fotos: J.R. Peiró

RESTAURANTE L’EGGS (BY PACO PÉREZ). DIRECCIÓN: PASEO DE GRACIA, 116. BARCELONA. TELÉFONO: 93 238 48 46. CIERRA: NO (HORARIO ININTERRUMPIDO ENTRE 8:30 Y 23:30). PRECIO MEDIO: 30-35 €.

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