De aperitivo… UN VERMUT RIOJANO

“Pónganos dos vermuts”, cuenta un bloguero que pidieron en un viaje por el sur peninsular. “¿Martine?”, les preguntó la señora que atendía la barra.
-No, preferiríamos, si tiene, alguno de los que se hacen en el país.
-Pues eso-, dijo la mujer mientras les mostraba una botella de Martínez Lacuesta, el aperitivo que fabrica la célebre bodega de Haro (La Rioja) desde hace más de 70 años.

vermut-etiqueta

En efecto, además de ser nuestra primera zona de vinos de calidad, la Rioja siempre ha facturado vermut y otras bebidas aperitivas, lo que ocurre es que se trataba o bien de productos artesanales de bodegueros que no se resistían a criar un barrilito de vino blanco en el que maceraban todo tipo de hierbas y especias para consumo familiar o bien de etiquetas de escasísima difusión que han ido desapareciendo con el tiempo hasta reducirse al citado Vermut Lacuesta y al Pascali, marca, esta última, fundada por José Mª Pascual en Cenicero a mediados de la pasada centuria.

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ICONO DEL SIGLO XX. Si la fórmula de cada casa es irrepetible y secreta –el único ingrediente conocido y común a todas es el vino-, los orígenes del vermut tampoco han terminado de poner de acuerdo a los estudiosos del tema. Mientras que unos atribuyen su invento, en el s.XVI, a un tal Antonio Cinzano, otros se decantan por la autoría de Antonio Benedetto Carpano en 1786 o por la de los hermanos Luigi y Giuseppe Cora, fundadores de Martini a mediados del XIX. Lo que está claro es que la cuna de la bebida está en el Piamonte italiano, como bien sabrá quien se haya dado un paseo por los hermosos cafés que abren sus puertas bajo los soportales de la plaza San Carlo de Turín.

Copa

Tras la Primera Gran Guerra el vermut saltó las fronteras italianas y se erigió como una de las bebidas de culto en los ambientes chic de la época. Con sus variantes y derivados -sobre todo el celebérrimo dry martini que cultivaron personajes como Churchill o Buñuel-, la bebida se convirtió pronto en uno de los iconos del siglo XX. Entre nosotros, el momento del día en que se toman unos vinos o cervezas antes de comer acabó por llamarse la hora del vermut. Y, como era de esperar, su éxito terminó animando a no pocos bodegueros locales, entre ellos el citado Martínez Lacuesta (normal y reserva), con un mercado no muy grande pero fiel, que busca nuevos matices y complejidades frente a los archisabidos vermuts rojos multinacionales. J.R.Peiró (METRÓPOLI, abril 2012)

Aperitiu

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