Blancos canarios: EL JARDÍN DE BACO

Cepas en Lanzarote

Cepas en suelos de lapilli / D.O. LANZAROTE

Los vinos blancos de Canarias, dulces y secos, atraviesan uno de los mejores momentos de su historia. Superada la fiebre de la variedad de uva listán –abrumadoramente mayoritaria, productiva y agradecida, pero limitada en matices y virtudes- los elaboradores de las islas comienzan a sacar partido de lo que, sin lugar a dudas, constituye uno de sus mejores argumentos para encarar el futuro: la enorme riqueza y diversidad de su patrimonio vitícola. Año tras año, sorprenden novedosas etiquetas que tratan de exprimir el enorme potencial de un verdadero jardín de viníferas blancas.

Nuevos vinos de marmajuelo (Viñátigo) y gual (Viña Norte/B. Insulares) en Tenerife. Malvasías secos repletos de recuerdos florales y de fruta tropical en Lanzarote (El Grifo, La Geria, Reymar) y también en Tenerife (Contiempo/Arca de Vitis, Testamento/Cumbres de Abona). Equilibrados y sabrosos albillos en La Palma (El Níspero Blanco/B. Eufrosina Pérez). Vinos de vijariego en El Hierro (Tanajara) y de diego en Lanzarote (Bermejo/Los Bermejos)… El abanico de opciones se abre por momentos ante el buen aficionado.

La Palma viñedos costa Norte

Viñedos en la costa norte de La Palma / D.O. LA PALMA

Los blancos dulces, las malvasías a las que ya se refirió Shakespeare, los herederos del canary sack que paseó el nombre del archipiélago por los siete mares en los siglos XVI y XVII, no se quedan atrás en esta carrera en pos del mercado y la modernidad. A los tradicionales –y cada vez mejores- dulces de malvasía se suman cada año nuevas propuestas, elaboradas con castas como verdello, moscatel o sabro. Algunos bodegueros hasta se animan con el espumoso, como el Bermejo lanzaroteño.

SUELOS VOLCÁNICOS. Para plantar una cepa en Lanzarote hay que horadar una capa de lava petrificada de un metro de espesor, arraigar la planta, cubrir la superficie con esa misma piedra negra machacada para retener la escasa humedad y, finalmente, protegerla de los abrasadores vientos del este mediante un pequeño muro de piedra. Con algo de suerte, varios años después, de esa cepa colgarán los dorados racimos de malvasía. Valga lo anterior para hacerse una idea de las dificultades de la viticultura en las islas afortunadas. Sobre todo en las orientales, pero no sólo.

¿Qué precio hay que poner a una botella de vino obtenida en estas condiciones? ¿Cuánto cuesta cultivar, como sucede en otras islas, en pendientes vertiginosas a más de 1.500 metros de altitud? Desde luego, la competitividad frente a los vinos blancos peninsulares o los políticamente correctos chardonnay, sauvignon blanc o sémillon llegados del Nuevo Mundo no es el fuerte de los vinos canarios. Por eso están librando la batalla del mercado en el terreno que les es más favorable: el de la originalidad de sus uvas autóctonas, la complejidad de su geografía, la mineralidad de sus suelos volcánicos. Todo un reto para la joven enología de las islas. J.R.Peiró (METRÓPOLI, junio 2007)

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