Laurent-Perrier: SEIS BOTELLAS Y UN SIGNO DE INTERROGACIÓN

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Siete champañas de Laurent-Perrier protagonizaron la última entrega de El Sabor de los Grandes, la serie de catas de algunos de los mejores vinos del mundo que organiza la Fundación para la Cultura del Vino. En la palestra, Eduardo Muga, presentador del acto en calidad de presidente de la institución, y Michel Fauconnet, jefe de bodega de la firma champañesa, quien corrió a cargo de las explicaciones sobre las botellas descorchadas. Se celebró el pasado viernes y tuvo como escenario, como de costumbre, el soberbio Salón Real del Casino de Madrid. Entre el público catador, representantes de las bodegas del patronato de la fundación (Vega Sicilia, La Rioja Alta, Muga, Marqués de Riscal y Terras Gauda), sumilleres destacados, comerciantes de prestigio, periodistas y escritores del vino.

UN VINO DE PLACER. Abrió el fuego el Laurent-Perrier Ultra Brut (52% de chardonnay, resto pinot noir), un champaña fresco y seco, etéreo y con abundantes matices yodados y salinos que lo sitúan de manera natural en el espacio de los aperitivos, desde unas ostras hasta los bocaditos japoneses a base de pescado crudo. Le siguió el Brut, pilar económico de la casa o -como dicen sus creadores- su tarjeta de visita: nariz frutal -como en la mayoría de los espumosos blancos de la firma predomina la uva chardonnay (50%), acompañada en este caso de pinot noir (35) y pinot meunier-, seguida de una boca sabrosa y plena que se resuelve en un final persistente. Un vino de placer, que dirían los vecinos del norte.

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La degustación subió unos peldaños con la aparición del primer espumoso de añada, el Brut Millésimé 2002, del que nos sedujeron su complejidad aromática (de nuevo pinceladas salinas, almacén de coloniales, dejos minerales, todo ello sobre un fondo de piel de naranja) y su firme esqueleto. Un telonero perfecto para el Grand Siècle, la cuvée de prestigio de Laurent-Perrier. Un ensamblaje de vinos de 12 de los crus más destacados (entre ellos, Ambonnay, Verzenay o Le Mesnil-sur-Oger) y de varias de las mejores cosechas de los años precedentes: nariz hermética de entrada, pero que según pasan los minutos comienza a mostrar una completa y delicada gama de matices (tarta de manzana, tueste, miel, frutas en licor); paso de boca ampuloso, potencia y elegancia, larguísimo final.

BOCA ALEGRE Y EXPRESIVA. De los dos rosados servidos a continuación, el Cuvée Rosé Brut y el Alexandra Rosé 2004, nos gustó especialmente el segundo, obtenido con pinot noir y un 20% de chardonnay. El primero es un estupendo rosé que podríamos calificar de canónico, con su nariz de frutilla roja y su paso de boca goloso y suave (aunque sin arrebatar en ningún momento), mientras que del segundo nos quedamos con un paladar alegre y expresivo al tiempo que fino y de gran persistencia, precedido de una delicada nariz de pan grillé y macedonia de frutas.

Y como colofón, una botella señalada con un misterioso signo de interrogación en el cuaderno de los catadores. Resultó ser el Grand Siècle “Les Reserves”, una cuvée de tres añadas históricas: 1990, 1993 y 1995. Nariz compleja donde las haya (dulcería recién sacada del horno, notas de sésamo, flores marchitas, confitura de cassis…). Rara mezcla de frescura y madurez sobre la lengua. Grande sin paliativos. J.R. Peiró

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