Fernando Mora (MW): “ME INTERESA MUCHO MÁS LA FORMA DE UN VINO QUE SU TAMAÑO”

Fernando Mora (Zaragoza, 1982) es, con Andreas Kubach, uno de los dos nuevos españoles que recibieron el pasado septiembre el título de master of wine. Se define como un soñador del vino. Ingeniero de formación, trabajó en empresas de energía eólica hasta que cayó rendido ante la bebida de Baco. Elaboró en 2008 sus primeras botellas en su propia casa y poco más tarde fundó Bodegas Frontonio (IGP Valdejalón), que tuvo su primera sede en el garaje de los padres de uno de sus socios. Su último proyecto (2015) es Cuevas de Arom, en Campo de Borja.

Pregunta.- ¿Para qué sirve un título de Master of Wine?
Respuesta.- Es algo así como entrar en la champions del conocimiento vinícola. En mi caso hay algo de reto personal pero también soy consciente de que las cadenas de distribución saben muy bien qué es un MW, lo que ayuda a dar credibilidad a tu proyecto bodeguero.

P.- ¿Por qué hay tan pocos MW españoles?
R.- En España se entiende el conocimiento como especialización y no como comprensión global del fenómeno del vino, que es lo que se le exige a un MW. Además de cierto nivel en idiomas, eterna asignatura pendiente de este país.

P.- ¿Cómo ven sus colegas el actual momento de los vinos españoles?
R.- Creo que hay un sentimiento común de que se están produciendo cambios a toda velocidad. Vinos singulares y sostenibles, de gran personalidad; puesta en valor del territorio y las viníferas autóctonas… Saben que están surgiendo proyectos de mucho valor añadido. La imagen internacional de vinos baratos ante todo comienza a quedar atrás.

P.- ¿Qué es lo que más le seduce de un vino?
R.- Me interesa mucho más la forma de un vino que su tamaño. Esos vinos que, al olerlos, su elegancia, finura y complejidad te ponen los pelos de punta. Cosa que no me ocurre con los que tienen la corpulencia y la concentración como bandera. La grandeza de un vino está en los pequeños detalles.

P.- ¿Un vino que le haya impactado por encima de los demás, que al probarlo haya dicho: esto es a lo que quiero dedicarme y lo que yo quiero hacer?
R.- Un chablis de Raveneau y un barolo de Giuseppe Rinaldi. Son vinos que me marcaron en su día. No entendía cómo habían podido hacerlos y sigo sin saberlo. Otro más: un Viña Tondonia blanco de los años setenta. Son vinos inmortales, a los que el tiempo no hace más que afinarlos. De ahí es de donde viene la emoción. 

Nivarius Maturana Blanca 2015: POR FIN, UN VINO MINERAL

HOY DESCORCHAMOS...B

NIVARIUS MATURANA BLANCA 2015. BODEGA: NIVARIUS. TIPO: BLANCO CRIADO SOBRE LÍAS. ZONA: D.O.CA. RIOJA. UVAS: MATURANA BLANCA. PRECIO: 9 €. GASTRONOMÍA: BERBERECHOS AL VAPOR, LUBINA A LA SAL CON SALSA HOLANDESA. CALIFICACIÓN: 94/100

Tierra mojada, yeso húmedo, tiza… Uno nunca ha sido muy agudo a la hora de captar los matices minerales (ese término que tanto se repite en las descripciones de algunos críticos cuando no saben qué decir de un vino), pero en el maturana blanca que nos ocupa, a quien firma estas líneas le ha parecido apreciarlos sobresalir con nitidez de un complejo mosaico de aromas. Nivarius es una bodega que sólo vinifica uvas blancas. Podría hacer vinos de todos los colores, como tantas en la propia Rioja. Pero a sus propietarios, que a pocos metros de la anterior disponen de una segunda bodega de tintos, Proelio, les pareció conveniente en su día separar dos líneas de elaboración que, tecnológicamente hablando, tienen poco que ver entre sí. Nos gustó mucho el año pasado el Nivarius Tempranillo Blanco 2014 de su colección de monovarietales. Y nos gusta más, si cabe, este maturana blanca que ya pudimos catar hace unos cuantos meses mientras terminaba de afinarse sobre lías en los fudres de roble francés en los que había fermentado.

DE NIÑO A HOMBRE. Pasado el tiempo, lo que ha perdido en juventud y facilidad de trago, lo ha ganado con creces en sutileza y complejidad. El niño ha crecido y se ha hecho adulto. De la nariz nos cautiva esa impronta mineral de la que hablábamos al principio, pero también un deslumbrante abanico de registros frutales -melón, pera limonera, piña madura, piel de naranja- entrelazados con aromas de manantío y flor de azahar. Inmejorable antesala para una boca sedosa, fresca y llena, de gran amplitud y que se eterniza en un final al que vuelven los matices de la nariz. Seguirá ganando en la botella.

Y un aviso a navegantes: en este momento (28/03/2017) hay que descorchar la botella con al menos una hora de antelación, para que las piezas del vino terminen de encajarse. Si no hay tiempo, lo mejor es decantarlo en un recipiente de base ancha; incluso jarrearlo. Absténganse los amigos del placer báquico inmediato. O, mejor, que vayan a la tienda de chuches de la esquina. 

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